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En Infamias, Alejandro Merizalde explora las heridas de su
pasado sin importar lo dolorosas que sean porque, él sabe, son
estas heridas las que nos hacen únicos, las que nos conducen
a la fuente misma de nuestra identidad. En sus páginas nada queda
sin interrogar. Nadie—ni él, ni tampoco Dios—quedan
exentos de sospecha. Lo que descubre es que, si no podemos sanar nuestras
historias— ¿acaso, alguna vez, estaremos realmente libres
de nuestro pasado?—por lo menos podemos darle forma a la nostalgia
para asi estar mejor equipados para lidiar con el futuro. El narrador
de estos relatos se ve continuamente desplazado: de su patria, del resto,
de sí mismo. Pero no está dispuesto a permitir que el
aislamiento tenga la última palabra. Este libro representa el
intento de aquel “perpetuo extranjero” por reencontrarse
y crear lazos con el mundo: de aferrarse en lugar de dejar ir. |